Nota: Bere Martinez   |  Foto: Teatro Independencia
“El Farmer”, la historia que no te contaron
19.09.2016 | Teatro Independencia
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 Juan Manuel de Rosas, un hombre que la historia argentina le dedicó varios libros, odiado por muchos y venerado por algunos otros. En “El Farmer” se cuenta la historia de sus últimos días, desterrado en el país del enemigo, vive solitario en un frío campo inglés, donde sus únicas compañías son un toro, una perra en celo y la muerte que no deja de acecharlo. Después de meses de ensayo y los 170 escenarios pisados, llenaron el teatro Independencia dejando boquiabierto los mendocinos.

 Una escenografía simple nos remitía a su rancho: un piso de madera donde este viejo estaba preso y lo vivía como un infierno en vida; un catre y un brasero que era lo único que le daba calidez al lugar; una vulgar silla que El Reformador la convertía en su amado trono y un fondo espejado, que ellos lo definen como un espacio no representativo, pero en el que se reflejaba el amor y admiración propio.

 

 

Pompeyo Audivert es el que se pone en la piel de este pobre viejo con bastón que se calienta con un brasero. Su voz desgastada por el paso del tiempo nos remite a aquella época de poder que vivió en la Confederación.

El silencio de esa habitación lo rompe Rodrigo De La Serna, que se

 pone en el papel de un Rosas joven, en su lado mítico. Aquel gobernador ambicioso que llenó la boca de los argentinos durante 20 años.

 

Estas dos caras se confrontan sobre el escenario, mostrando la distancia entre el anciano y su juventud. Se ríen del ida y vuelta de las personalidades argentinas y de aquellos llamados próceres como Alberdi, Sarmiento y algunos más. Se replantean los escritos que dejaron documentado su paso por la región del Rio de la Plata. Lo atormenta el fantasmas de su hija Manuelita y los recuerdos con su madre y hermanos, el momento en el que decidió dejar de ser un niño para convertirse en el hombre que marcaría una era.

 

Algo que ha caracterizado a Rosas era su vivaz testosterona. Ese codiciado hombre de política que le hacía mojar las bombachas a las damas de la época (ojo, De La Serna produce lo mismo en muchas mendocinas). Y con 83 años no ha perdido su espíritu de galán, solo que dentro de tanta soledad a la única hembra a la que logra excitar es a su perra.

 

Era un federal que montado a su caballo no le tenía miedo a nada, pero ya, en su vejez a lo único que le teme es a la muerte, que en determinado apagón se lo lleva, pero queda vivo ese Rosas conquistador que se pregunta por la patria, y esta ¿Lo recordará?

 

La conjugación perfecta entre teatro corporal y el arduo texto de la prosa escrita por Andrés Rivera. Por algunos momentos caen en un aburrido cliché al revolcarse por el piso y jugar con la voz, pero desafiando al público logran nuevamente subir el nivel de la atención.